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lunes, 7 de marzo de 2011

MHLGH 195.6 - día doce

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada antes de iniciar la lectura, cuidado con el volumen porque goear ha puesto publicidad. Gracias

Buenas noches, seguimos escuchando a M.Mussorgsky y en los Cuadros de una exposición, hoy llegamos a "El ballet de los polluelos en sus cascarones". ¿Imaginas la escena? Pues no hay que esforzarse mucho porque estamos en tiempos de carnavales, donde una gran parte de la gente, a nivel mundial, se quitan la máscara diaria de sufridos trabajadores o sufridos empresarios o sufridorísimos parados, para cambiarla por la alegría, el desenfreno, el alcohol, el sexo, el baile... todo en cantidades incalculables. ¿Y para qué?

Hubo un tiempo en el que el pueblo llano -trabajador, víctima de los abusos por parte de los señores feudales y perseguidos por el fuego eterno en boca del clero-, vio aliviado su opresión por "gracia divina": disfrutar el desenfreno en el comer y beber y en encuentros carnales, bajo la impune máscara grotesca y envueltos en ropajes que ocultaban sus auténticos rasgos y clases sociales. El "todo vale" durante unos pocos días, previos a los cuarenta de la Cuaresma en la que -gracias al ayuno obligatorio y vida sobria y recogimiento- se expiaban todos los pecados.

Estos días, las calles que recorro están habitadas por máscaras grotescas y disfraces inverosímiles que bailan y beben y se divierten -sin distinción de clases- como en sus orígenes, pero por motivos diferentes. Vivimos la fiesta por la fiesta, la diversión extrema que nos aleja unas horas y pocos días de la realidad de las revueltas en los países oprimidos; que nos libran de la angustia del paro, la incertidumbre del futuro de los jóvenes sin estudios ni trabajo...

Ya no necesitamos cubrir nuestros rostros, sino más bien descubrirlos.
Ya no se expone el cuerpo al desenfreno para depurar el alma.
Ya no hay alma que depurar.

Ya casi amanece y aún se oye la algarabía de la gente por las calles... hoy no podré dormir, vigilaré la puerta para que no se cuelen los borrachos buscando donde aliviar sus vejigas. Vaya, hoy tampoco te hablé de los cuadros, el pintor y  Mussorgsky... otro día será, tal vez mañana "Cuando nadie escucha".

jueves, 24 de febrero de 2011

MHLGH 195.6 - día once

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada antes de iniciar la lectura, cuidado con el volumen porque goear ha puesto publicidad. Gracias

Buenas noches. Seguimos escuchando a Mussorgsky y sus "Cuadros de una exposición". Hoy nos deleitamos con "Bydlo".

He dicho deleitarnos, pero tal vez no sea 'deleite' el sentimiento correcto. Verás, cuando ha empezado a sonar la música me ha venido a la memoria una escena brutal: remontándonos a los tiempos de la construcción de las pirámides egipcias. Aquellas filas interminables de esclavos tirando de unas largas y gruesas maromas, abrazadas a enormes piedras cuadradas y rectangulares, para hacerlas llegar a la altura determinada; más alta cada vez... O también aquellas hordas de guerreros que a ritmo de tambor -y espadas sobre escudos- marcaban el ritmo del implacable avance sobre aldeas aisladas y míseras; sobre urbes semi civilizadas o bien hacia castillos inexpugnables, directos a la muerte o a la gloria del victorioso, según el destino, pero siempre dejando un reguero de sangre y vidas humanas.

Algunos descendientes de esos pueblos sometidos y sometedores han llegado a nuestros días con las mismas carencias y sufriendo los mismos abusos de aquellos convulsos siglos. Y han levantado la cabeza, y con ella la bota que los aprisionaba contra el suelo. Algunos de ellos han logrado sacudir los cimientos de la tiranía y arrojado del poder a los dictadores, que han decidido abandonar sin derramar apenas unas gotas de sangre; ciertamente inevitables por la euforia.
Pero hay otros que haciendo honor a sus orígenes de traidor y asesino y terrorista, siguen aferrándose al poder y continúan la masacre desde la fuerza más bruta y desleal: con carros de combate y aviones que no cesan de disparar y bombardear a todo cuanto puede ser derribado. Armamento alzado contra su pueblo ¡no para defenderlo!.

Esta música que, en su composición, pretende hacernos recordar el avance de una carreta, camino del mercado como -supuestamente- ideó el pintor que inspiró a Modest Mussorgsky, por los acontecimientos vividos y que se están viviendo en muchos lugares del mundo, siempre la tendré relacionada con los aires de revolución que vive el mundo islámico. Que sean para beneficio de sus pueblos y de la humanidad entera, acabando con la tiranía, la guerra y el terrorismo, depende -en parte- de todos los demás pueblos.

Hoy tampoco te hablaré del autor de los cuadros. Ahora estoy cansada y necesito dormir. Otro día te contaré de él: Cuando nadie escucha.

lunes, 14 de febrero de 2011

MHLGH 195.6 - día diez

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada antes de iniciar la lectura, el volumen está bajito, pero cuidado porque goear ha puesto publicidad. Gracias

Buenas noches. Seguimos el recorrido museístico de Modest Mussorgsky, hoy con el cuadro "Tullerías". Si atiendes la música verás que recuerda la algarabía de niños jugando, en un jardín.

Pero en mi deambular por las calles de nuestra ciudad no veo niños. O muy pocos. No es época, ya sé; hace mucho frío y los padres se preocupan de que no se enfríen, así no tendrán que pedir permiso en el trabajo para cuidarlos; tampoco tendrán que llevárselos a los abuelos -que ya no están para esos trotes- ni tampoco contratar una asistenta que los atiendan mientras ellos siguen con sus vidas sociales.

¡Vaya!... ¿será ese el motivo por el que -algunos padres- matan a sus hijos?

No lo entiendo. ¿Cómo puede un padre matar a sus propios hijos porque ya no conviva con la madre de ellos?... ¿cómo los puede matar para vengarse del desamor de su esposa y madre de esos niños?... ¿cómo se puede tener tanta sangre fría?... por cierto, no sé por qué ponen ese ejemplo, cuando los animales salvajes de sangre fría son más humanos con sus crías que algunos padres...

Hoy te iba a contar la historia de los "cuadros de esta exposición", que estamos oyendo en los últimos días, del autor de los mismos. Pero ya ves, a través de una de esas ventanas -a pie de calle- he oído que un padre ha envenenado a sus hijas gemelas antes de suicidarse y se ha roto algo por aquí dentro de mi cabeza... así que después de ver el cuadro que hoy debía sonar y explicarte lo de los juegos y algarabía de los niños jugando, se me encendió la sangre...

Ahora me voy a descansar. Mañana tal vez me acuerde o me apetezca contártela "Cuando nadie escucha".

domingo, 6 de febrero de 2011

MHLGH 195.6 - día nueve

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada antes de iniciar la lectura, cuida el volumen. Gracias

Buenas noches. Seguimos escuchando Cuadros de una exposición de Mussorgsky. Hoy nuestro recorrido nos lleva al segundo cuadro: El viejo castillo. Por mis andanzas a lo largo de la geografía española he encontrado muchos, pero ninguno habitado. Nunca me preocupó porque ¿qién sería tan desmesurado para vivir en un castillo? Tú y yo que vivimos en la calle lo juzgaríamos excesivo y acusaríamos de prepotente al inquilino ¿verdad?... ¿a qué alardear de tanto poderío?

Pues he aquí que, asomándome por esas ventanas a ras de suelo he visto, en las televisiones, programas donde unos 'limitados personajes' alardean de las casas donde viven; los metros cuadrados que tienen construídos y los que tienen alrededor; las habitaciones que necesitan para dos personas -con o sin hijos-, más las de invitados íntimos, invitados por asuntos profesionales, invitados ocasionales e invitados de invitados... más una habitacioncita para el servicio ¡claro!... quién si no iba a mantener visible y habitable una mole de ladrillo -supuestamente- minimalistas, de ese calibre...

Ya te digo que hemos desarrollado un ego tan grande  como las mastodónticas viviendas que nos rodean, con inquilinos tan zafios como para mostrar sus intimidades al mundo.

Alardes de superflua riqueza.

Enjambres de 'chupópteros' que han "super sobrevalorado" el ladrillo, hasta el extremo de enriquecerse con uno de los derechos fundamentales de toda persona: poseer una vivienda digna. Abusando hasta el punto de conseguir empeñar toda la vida de una gran parte de los ciudadanos activos, por una minivivienda a precio de palacios, y a unos intereses desvergonzados... y todo para que media docena -mal contada- pueda construirse modernos castillos donde cultivar sus prepotencias.

Y tu y yo, viviendo en la calle... entre cartones.

Estoy cansada. Mañana seguimos disfrutando la música y hablando: Cuando nadie escucha.

martes, 1 de febrero de 2011

MHLGH 195.6 - día ocho

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada antes de iniciar la lectura, cuida el volumen. Gracias

Buenas noches. Estás oyendo "Cuadros de una exposición" de Modest Mussorgsky. Llegamos al primer cuadro llamado Gnomo.

Y de eso te voy a hablar hoy. De los gnomos. Es nuestra octava cita y creo que ya tenemos confianza para que sepas algo de esta voz que te llega a través de las ondas. Te habrás preguntado, en algún momento, por qué vivo en la calle y qué me arrojó al submundo de la oscuridad. Fue una mujer. Sí. Ella es la causante de todas mis desdichas. Ella la culpable de mi "sinvivir". Ella, el faro que iluminó la verdadera naturaleza del hombre que era mi compañero, mi libertador, mi razón de ser. El amor y motor de mi vida. El hombre que se agigantaba ante mis ojos, con cualquier situación que nos tocaba vivir juntos. Ella me desveló la verdad. Cuando se interpuso entre nuestras vidas descubrí su bajeza humana. La de él. Ella nada sabía de mi existencia y se dejó querer; pero él, maldito y engreído, rompió nuestras vidas. Y ante mis ojos, por gracia de la luz cegadora de ella, empequeñeció hasta mostrarse ante mí como lo que era realmente: un gnomo. El bufón de las fiestas palaciegas, donde desplegaba sus dotes de conquistador como un pavo real su cola... mientras yo -ciega por el brillo de su disfraz- no había sabido ver...

De eso hace muchos, muchos años y hoy, paseando por este museo grotesco que es la ciudad, he descubierto que él no era el único gnomo... hay muchos más, los hay por miles y cientos de miles y millones quizás. Hoy los ves -a través de ese invento infernal llamado televisión- alardeando de a cuántas mujeres han poseído, engañado y cuánto dinero han cobrado por decirlo; y lo cuentan para acudir a más programas a cobrar por desmentir lo que dijeron el día anterior... y así sucesivamente, hasta acabar como muñecos rotos y olvidados en cualquier vía de tren o entre las peores garras que un gnomo puede encontrar: el amor verdadero no correspondido.

Estoy cansada y tengo frío. Descansa tu también, seguiremos mañana "Cuando nadie escucha".

lunes, 31 de enero de 2011

MHLGH 195.6 - día siete

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada antes de iniciar la lectura, cuida el volumen. Gracias

Buenas noches. Estás oyendo la primera pieza -llamada Paseo- de la suite: Cuadros de una exposición,  de Modest Mussorgsky. Originalmente fue escrita para piano pero conocemos más la versión orquestada por Maurice Ravel. No es el vinilo que seguía a Strauss y su Zaratustra que escuchamos ayer pero... ¿qué dices?... ¿que ayer no vine y que hace muchos días que no vengo?... ¿y qué importa qué día fue?... si no es hoy, forzosamente fue ayer. Todos los días pasados son Ayer.

Además no he venido a hablar de adverbios, sino de museos. Bueno, tampoco de museos sino de los cuadros que los habitan. Nos hemos acostumbrado a vivir tan de puertas para afuera que parece que habitamos en uno. Así me he sentido estos días pasados, como la visitante de un museo grotesco recorriendo sus pasillos tan largos como calles interminables, alumbradas a un lado y otro por ventanas -como cuadros- por donde mirar la vida de quienes viven en su interior. Calles con rincones oscuros, que adquieren vida por la leve iluminación que escapa de una ventana de cristales opacos y cortinas gruesas, resaltando detalles imperceptibles, como los cuadros de Caravaggio.

Quiero seguir hablando, contarte lo que he visto en esas ventanas, describirte el colorido de esos cuadros callejeros que forman el museo de la vida, pero estoy cansada. Llevo muchas noches durmiendo poco y mal. Descubrieron la entrada al edificio y tuve que escapar... afortunadamente no dieron con la sala de control y las estanterías de vinilos, lo habrían robado todo. Voy a dormir un rato, en la escalera, he traído cartones y periódicos y no pasaré frío. Duerme tú también y descansa, mañana nos volveremos a hablar Cuando nadie escucha.

lunes, 20 de diciembre de 2010

MHLGH 195.6 - Día séis

Cuidado con el sonido... es suave al principio, pero tiene una subida importante en el segundo 49 ó 50


Zaratustra -el persa- fue el primero en advertir que la auténtica rueda que hace moverse a las cosas es la lucha entre el bien y el mal, - la trasposición de la moral a lo metafísico como fuerza, causa, fin en sí. Zaratustra creó ese error, el más fatal de todos, la moral. 

Cuando Nietzsche hizo hablar a su Zaratustra, lo llevó primeramente a un pueblo que estaba reunido en una plaza para ver la exibición de un volatinero y les dijo: Yo os enseño al superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? Habéis recorrido el camino que lleva desde el gusano hasta el hombre, y muchas cosas en vosotros continúan siendo gusano. En otros tiempos fuisteis monos, y aún ahora es el hombre más mono que cualquier mono. Y el más sabio de vosotros es tan sólo un ser escindido, híbrido de planta y fantasma.
-¿Puedes creer que ésto lo escribió Nietzsche a finales del siglo XIX?... si miramos a nuestro alrededor ¿no vemos monos y gusanos?
Has oído la introducción del poema sinfónico: Así habló Zaratrustra, op.30 de Richard Strauss, basado libremente en Friedrich Nietzsche. También la reconocerás por ser parte de la banda sonora de 2001: Una odisea en el espacio, la película de Stanley Kubrick.

Desde la MHLGH en el 195.6 sólo para ti: Cuando nadie escucha

miércoles, 15 de diciembre de 2010

MHLGH 195.6 - Día cinco

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada, antes de iniciar la lectura, cuidado con el volumen... Gracias

Buenas noches. Estás oyendo el último movimiento de la sinfonía nº 5 en Do menor sostenido de Gustav Mahler. Con el Rondo-Finale se nos acaba la quinta, de forma triunfal como sólo lo saben hacer las sinfonías. Aunque la muerte haya sobrevolado por cada nota del pentagrama... Aunque cada corchea, redonda o fusa... cada una de las notas musicales hayan provocado lágrimas de dolor y tristeza, acaban con instrumentos de viento y estruendo de tambores. Siempre me ha sorprendido la habilidad de los críticos musicales que -sin haber cruzado una palabra con ellos- saben interpretar lo que cada autor ha querido decir o callar con sus músicas (la literatura, la pintura, etc). Yo creo más bien que no tienen ni idea y se las dan de profesionales o lo que es peor, van de intelectuales. Pero esa es una historia para otro día.

¿Me has echado de menos?... yo a ti sí, y a este destartalado control con sus viejos mandos y a la cabina de iluminación rojiza, donde no necesito auriculares... te diré qué ha pasado:

Ha habido redada de corazones,  sí... como lo oyes. El domingo, cuando venía para el edificio, me perdí. No encontré el callejón semi oscuro y desemboqué en una plaza totalmente desconocida. Limpia de bancos y muros donde sentarme o apoyar la espalda para dormir un rato. Tampoco me hubiese dado tiempo... a los pocos minutos, la policía entró en tropel persiguiendo a unos miles de jóvenes y algunos no tanto. El lugar debió parecerles perfecto para tenerlos a todos controlados... yo intenté escapar y me vieron. No, no me han pegado... a los demás tampoco. Después nos han ido llevando de uno en uno y con los ojos tapados. Cuando llegó mi turno, sentí cómo me metían en un coche y recorríamos una distancia relativamente corta. Llegamos a un recinto completamente ausente de sonidos... hasta nuestros pasos eran insonoros. Noté cómo descubrían mis ojos. Cuando se acostumbraron a la luz, descubrí un recinto completamente blanco y aséptico y ante mí a un hombre vestido de blanco, con el pelo largo y blanco y unas barbas igualmente blancas y largas. Apenas sin darme cuenta, estaba respondiendo -sin palabras- a todas sus preguntas:
- no, no me gusta la Navidad
- me parece una hipocresía, utilizan la ingenuidad de los niños para tapar las verdaderas intenciones de esas fiestas
- no, además no tengo familia ni donde celebrarla
- si, totalmente de acuerdo con que sólo la celebrasen, a nivel familiar, los creyentes cristianos

El hombre monocromático sonreía, puso sus manos ante mi torso -sin rozarme- y sentí un leve sopor, pero sin perder del todo la consciencia. Sólo al abrir de nuevo los ojos percibí un árbol gigantesco. Era un abeto blanco, del que colgaban hermosas cajas de cristal en cuyo interior flotaban corazones... volví a sentir mareo cuando en mi cerebro sonó la voz -sin palabras- del hombre de blanco:
- no tengas miedo, tomo prestado tu corazón por estas fechas. No podemos permitir que vayas difundiendo por ahí tu negatividad... Nosotros te encontraremos para devolvértelo en el mismo estado.

Y sin saber cómo aparecí durmiendo, entre el primer escalón y la puerta... como la primera vez que nos vimos tu y yo.

¿Habrán hecho la misma redada en todas las ciudades del mundo?...
¿Crees que habrá quedado gente que realmente vivan la Navidad y no sea para ellos comercio y abusos y fiestas y despilfarro y vacaciones?  Yo creo que no. Más bien creo que el mundo está poblado por gente, que va deambulando por ahí sin corazón.

Como yo, que desde el 195.6 de la MHLGH hablo para ti "Cuando nadie escucha".

sábado, 11 de diciembre de 2010

MHLGH 195.6 - Día cuatro

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada, antes de iniciar la lectura, pero sube un poquito el volumen... Gracias
Buenas noches. Estás oyendo el tercer (cronológicamente, cuarto) movimiento de la sinfonía nº 5 en Do menor sostenido de Gustav Mahler. Este movimiento tranquilo y melancólico, quedará para siempre ligado a la película Muerte en Venecia; concretamente en el desenlace final de la misma. No te lo desvelaré por si no la has visto... aunque tampoco hay que ser muy listo para imaginarlo por el título ¿verdad?... En la película, su director Visconti, trata sobre el amor y la belleza, la más pura y perfecta, la misma de la que habla Platón -por boca de Fedro. ¡¡Tranquilo, no voy a hablarte de filosofía!! O tal vez sí...

Anoche, no pude regresar al edificio y te dejé sin avisar... En mi deambular por las calles me crucé con mucha gente solitaria, tratan de disimularlo pero el vacío de sus miradas es inconfundible. Tú la conoces y yo la reconozco... Van vestidos con elegante normalidad; llevan -bien a la vista- todos los complementos de la época que les ha tocado vivir:

-unos auriculares, minúsculos, colgando de sus orejas (aunque ahora se vuelven a llevar grandes)... ¿escucharán su propio corazón a través de ellos, o tal vez los usan para no escucharlo?

-en las manos un teléfono -o eso parece- todo pantalla, en el que van escribiendo frenéticamente moviendo dos dedos a velocidad imposible de calcular... ¿estarán escribiéndose a sí mismos para no olvidarse de que son personas y no robots, bellamente uniformados?

-colgando del hombro llevan un pequeño maletín, donde se adivina un mini-portátil o un ipad -tal vez-, último juguete por donde mandar decenas de correos con adjuntos 'divertidos' o desde donde marcar cientos de "me gusta" a temas y opiniones que no tienen tiempo -ni interés- de leer, pero que han marcado previamente sus más de ochocientos amigos... ¿se atreverán a contár a algunos de 'esos amigos' la enfermedad que -segundo a segundo- les corroe la vida?

En esta noche, en la que Mahler habla de melancolía, amor, belleza y muerte, nos descubrimos como testigos de la decadencia de un estilo de amistad presencial, nos vemos como espectadores del nacimiento de un hombre nuevo, que puede dominar al mundo -incluso hundirlo- teniendo sólo una pantalla delante de sus ojos. En la era de las comunicaciones, la globalidad se ha comido al ser único, que es cada persona, para convertirlos a todos en "avatares" de sí mismos.

Hace poco, recorriendo calles, descubrí una campaña realmente curiosa: pastillas para el dolor ajeno; me gustó pensar que alguien -sin conocerme- gastó un euro para curar mi soledad.

La tuya, me gustaría creer que es cada vez menor, porque yo -desde la MHLGH en el 195.6, "Cuando nadie escucha", hablo sólo para ti. 

jueves, 9 de diciembre de 2010

MHLGH 195.6 - Día tres

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada, antes de iniciar la lectura, pero a bajo volumen... Gracias.


Buenas noches. Estás oyendo el segundo movimiento (aunque tercero en su orden cronológico) de la sinfonía nº 5 en Do menor sostenido de Gustav Mahler. Ya dejamos atrás las marchas fúnebres y hoy nos recibe un vals, pero no lo parece porque es igualmente triste...

Un día bailaremos un vals tu y yo; vestidos para la ocasión y entre parejas igualmente solitarias. Será un vals alegre, de esos que te empujan a girar y girar al compás de la música. Pero eso será otro día.

Anoche, mientras dormía entre el primer escalón y la puerta, sentí que querían entrar en el edificio. Pero la puerta no se abrió. Desde dentro escuché las voces que se lamentaban de no llevar unas ganzúas para forzar la cerradura... ¡y es raro porque la puerta no tiene ninguna cerradura, ni tirador, ni nada...! Se marcharon y yo me quedé despierta. No quería pensar en el hambre ni en el frío. ¡¡Porque hace mucho frío!! Volví a subir la escalera con intención de recorrer las otras estancias del edificio. Tal vez encontraría un lugar más acogedor donde pasar las horas sin sol. Como la primera noche mis pasos me guiaron hacia la derecha del pasillo, decidí ir al lado contrario. Tenía delante de los ojos un pasillo con tres puertas en su lado derecho y todo el lado izquierdo, era una gran sucesión de ventanas ciegas -totalmente inapreciables desde la calle- con cristales opacos y sucios. La mayoría estaban enteros, pero ¡qué curioso, había una serie rotos -por donde entraba el frío- formando una carita triste!... sí, uno de esos smiles tontos que la gente cuelga en sus coches y utiliza de llavero, pero con una sonrisa boba o con un guiño cómico. No me gusta esa gente. Son una sonrisa andante que te miran como si fueses inferior a ellos. En realidad te miran como sin verte... somos invisibles para ellos, y nosotros de ellos sólo vemos una gran sonrisa andante.

¿que te han echado del trabajo? ¡sonríe, puedes vivir del subsidio!
¿que se te acaba el subsidio? ¡sonríe, puedes vivir de la beneficencia!
¿que no puedes pagar la hipoteca y te embargan? ¡sonríe, puedes vivir de okupa!
¿que tu pareja te engaña? ¡sonríe, le denuncias y que te indemnice por crueldad mental!
¿que tu mundo se desmorona? ¡sonríe!
¿que tienes ganas de llorar? ¡sonríe!
¿tienes frío? ¡sonríe!
¿tienes hambre? ¡sonríe!

En estas fechas, toda esa gente son sonrisas andantes... gigantescas e hipócritas sonrisas amarillas, que te miran dándote lecciones... cuando tú lo que necesitas es sentir calor humano; reconocerte querido y apreciado por otro ser humano...

cuando tú lo que realmente necesitas es saber por qué sigues viviendo.

¡sonríe sonríe sonríe hoy la vida nos ha regalado un vals...!

Desde la MHLGH en el 195.6 para ti, "Cuando nadie escucha"

miércoles, 8 de diciembre de 2010

MHLGH 195.6 - Día dos

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada, antes de iniciar la lectura, pero a bajo volumen...  Gracias.


Buenas noches. Estás escuchando la segunda parte del primer movimiento de la sinfonía nº 5 -en Do menor sostenido- de Gustav Mahler. También es una marcha fúnebre, pero no te asustes, era el primer vinilo del estante ¿recuerdas?... y en su trasera dice "Es violento y a la vez con un tono de tristeza y soledad; a la mitad de este movimiento la locura se hace presente aunque inmediatamente viene a ser reconciliada por la dulce voz de los contrabajos. Este movimiento es progresivo, comienza muy triste y explosivo para llegar al final donde se busca la tranquilidad y la expiación de todas las pasiones dementes que se tocan en el transcurso, sin embargo no lo logra."

¿No te parece curioso que una música elegida al azar, nos esté marcando las horas de vigilia y abriendo las puertas de la demencia? porque ¿acaso no es locura querer comprender el mundo?...  Ayer te dejé sin dar explicaciones y hoy pocas más te daré... sé que estás ahí, que estamos los dos solos; ¡vaya, ahora es cuando me pediras que vote a tal o cual partido o compre tal o cual cosa! -estarás pensando- pero te equivocas. No tengo ninguna intención de nada... solo estoy hablando contigo, conmigo. Anoche no quise quedarme aquí a dormir. Pero tampoco podía alejarme mucho... mi corazón sintió que había llegado a casa. Bajé al portal y allí, acurrucada entre el primer escalón y la puerta, me dormí con la música de Mahler en mi cabeza. Hacía mucho tiempo que no dormía tan a gusto. Hoy he recorrido la ciudad, sabiendo que tenía un lugar a donde volver. Una dirección grabada como si mi cerebro fuese un GPS.

¿Has visto cómo han iluminado las calles? ¡qué despilfarro! ¿acaso no dicen que hay crisis? pues no se nota ¿verdad?... ellos tienen dónde dormir y pueden hacer todas las comidas que quieran al día, incluso en lugares caros. Tú no sé... yo, me conformo con poder tomar algo caliente una o dos veces a la semana. Pero ellos dicen que iluminan la ciudad para que los niños no pierdan la ilusión de la Navidad... ¡mentira! esas luces parpadeantes, formando figuras de colores, contienen mensajes subliminales. Taladran las pupilas hasta grabar en el cerebro la necesidad de comprar comprar comprar.

Se acerca la luz y debo abandonarlo todo antes de que se den cuenta y vengan a cerrar el edificio.
estrellas se enciende, joyas se apaga
abetos se apaga, vestidos se enciende
renos se enciende, coches se apaga
papanoeles se apaga ,  juegos se enciende

Desde la MHLGH en el 195.6 "Cuando nadie escucha".

martes, 7 de diciembre de 2010

MHLGH 195.6 - Día uno

Recomiendo empezar a escuchar la música insertada, antes de iniciar la lectura, pero a bajo volumen... sobre todo al principio. Gracias.
Buenas noches; estás oyendo "La marcha fúnebre", primer movimiento de la sinfonía nº 5 -en Do sostenido menor- de Gustav Mahler.

No; no hay ninguna desgracia nacional, para que estés oyendo música clásica y una nueva voz en tu emisora favorita. Tampoco ha saltado el dial al canal clásico ni hay desconexión del satélite... la verdad es que, en este preciso momento, todas las frecuencias están recibiendo la misma señal, la misma música, la misma voz. La mía. Dejo un momentito, apenas 15 segundos, que hagas un rastreo y compruebes la veracidad de mis palabras.

¿A que tengo razón? pues ahora queda otra comprobación y te invito a hacerla: ¿serás sólo tú quien está experimentando ésta conexión bilateral?... Llama a tu vecino y pídele que ponga la radio; también puedes conectar con tus amigos por teléfono y pedirles que comprueben contigo. Moviliza a todo el edificio, todo el barrio... toda la ciudad. Venga no lo dudes... yo espero tu llamada.

Hace una hora estaba recorriendo las calles de la ciudad, aterida de frío, buscando un lugar donde pasar la noche. Los pasos, errantes al principio, parecían haber encontrado su sendero, al entrar en ese halo de luz que desprendía la única farola de ese callejón oscuro y maloliente. Por alguna extraña razón me resultaba familiar. Caminé hasta éste edificio abandonado. El rótulo de la puerta me produjo como una descarga eléctrica, por toda la espina dorsal. ¡Estaba en la MHLGH!, la gran cadena de radio que durante tantos años acompañó los pasos y los viajes y desvelos de tantos miles de noctámbulos... como yo... No tuve que forzar ninguna puerta. Estaba abierta. El ascenso por la escalera fue sin tropiezos, y -aunque a oscuras- sabía exactamente dónde estaban los peldaños rotos, pero no por qué lo sabía.

Todo está abandonado, lleno de suciedad y muebles rotos. No hay electricidad pero el resplandor de la farola, ilumina el único rincón que parece respetado por los años y el abandono: la mesa de control. Recorro la estancia en busca de alguna silla, a medias usable y mis ojos tropiezan con una cabina acristalada, tenuemente iluminada por una luz roja parpadeante. Hay dos sillas justo delante de la cristalera. Entro una y pongo otra ante el control. A la izquierda hay una estantería repleta de discos de vinilo ¡¡auténticas joyas abandonadas miserablemente!! ¿funcionará el plato?... ¡¡sí!!

Me embarga una sensación de poder indescriptible... toda yo ha cambiado. El frío de mis huesos ha desaparecido. Ya no siento hambre, salvo de música, de palabras, de comunicar... A ver qué tenemos por aquí... el primer disco marcará las pautas a seguir: Gustav Mahler - sinfonía nº 5 en Do menor sostenido, vaya, hubiese preferido algo más ligerito pero... vale, sí me vale...

No me preguntes nada. Ya sé que has vuelto... pero se acerca la luz y debo abandonarlo todo antes de que se den cuenta y vengan a cerrar el edificio.

Desde la MHLGH en el 195.6 "Cuando nadie escucha"