Recomiendo empezar a escuchar la música insertada, antes de iniciar la lectura, cuidado con el volumen... Gracias
Buenas noches. Estás oyendo el último movimiento de la sinfonía nº 5 en Do menor sostenido de Gustav Mahler. Con el Rondo-Finale se nos acaba la quinta, de forma triunfal como sólo lo saben hacer las sinfonías. Aunque la muerte haya sobrevolado por cada nota del pentagrama... Aunque cada corchea, redonda o fusa... cada una de las notas musicales hayan provocado lágrimas de dolor y tristeza, acaban con instrumentos de viento y estruendo de tambores. Siempre me ha sorprendido la habilidad de los críticos musicales que -sin haber cruzado una palabra con ellos- saben interpretar lo que cada autor ha querido decir o callar con sus músicas (la literatura, la pintura, etc). Yo creo más bien que no tienen ni idea y se las dan de profesionales o lo que es peor, van de intelectuales. Pero esa es una historia para otro día.
¿Me has echado de menos?... yo a ti sí, y a este destartalado control con sus viejos mandos y a la cabina de iluminación rojiza, donde no necesito auriculares... te diré qué ha pasado:
Ha habido redada de corazones, sí... como lo oyes. El domingo, cuando venía para el edificio, me perdí. No encontré el callejón semi oscuro y desemboqué en una plaza totalmente desconocida. Limpia de bancos y muros donde sentarme o apoyar la espalda para dormir un rato. Tampoco me hubiese dado tiempo... a los pocos minutos, la policía entró en tropel persiguiendo a unos miles de jóvenes y algunos no tanto. El lugar debió parecerles perfecto para tenerlos a todos controlados... yo intenté escapar y me vieron. No, no me han pegado... a los demás tampoco. Después nos han ido llevando de uno en uno y con los ojos tapados. Cuando llegó mi turno, sentí cómo me metían en un coche y recorríamos una distancia relativamente corta. Llegamos a un recinto completamente ausente de sonidos... hasta nuestros pasos eran insonoros. Noté cómo descubrían mis ojos. Cuando se acostumbraron a la luz, descubrí un recinto completamente blanco y aséptico y ante mí a un hombre vestido de blanco, con el pelo largo y blanco y unas barbas igualmente blancas y largas. Apenas sin darme cuenta, estaba respondiendo -sin palabras- a todas sus preguntas:
- no, no me gusta la Navidad
- me parece una hipocresía, utilizan la ingenuidad de los niños para tapar las verdaderas intenciones de esas fiestas
- no, además no tengo familia ni donde celebrarla
- si, totalmente de acuerdo con que sólo la celebrasen, a nivel familiar, los creyentes cristianos
El hombre monocromático sonreía, puso sus manos ante mi torso -sin rozarme- y sentí un leve sopor, pero sin perder del todo la consciencia. Sólo al abrir de nuevo los ojos percibí un árbol gigantesco. Era un abeto blanco, del que colgaban hermosas cajas de cristal en cuyo interior flotaban corazones... volví a sentir mareo cuando en mi cerebro sonó la voz -sin palabras- del hombre de blanco:
- no tengas miedo, tomo prestado tu corazón por estas fechas. No podemos permitir que vayas difundiendo por ahí tu negatividad... Nosotros te encontraremos para devolvértelo en el mismo estado.
Y sin saber cómo aparecí durmiendo, entre el primer escalón y la puerta... como la primera vez que nos vimos tu y yo.
¿Habrán hecho la misma redada en todas las ciudades del mundo?...
¿Crees que habrá quedado gente que realmente vivan la Navidad y no sea para ellos comercio y abusos y fiestas y despilfarro y vacaciones? Yo creo que no. Más bien creo que el mundo está poblado por gente, que va deambulando por ahí sin corazón.
Como yo, que desde el 195.6 de la MHLGH hablo para ti "Cuando nadie escucha".
¿Me has echado de menos?... yo a ti sí, y a este destartalado control con sus viejos mandos y a la cabina de iluminación rojiza, donde no necesito auriculares... te diré qué ha pasado:
Ha habido redada de corazones, sí... como lo oyes. El domingo, cuando venía para el edificio, me perdí. No encontré el callejón semi oscuro y desemboqué en una plaza totalmente desconocida. Limpia de bancos y muros donde sentarme o apoyar la espalda para dormir un rato. Tampoco me hubiese dado tiempo... a los pocos minutos, la policía entró en tropel persiguiendo a unos miles de jóvenes y algunos no tanto. El lugar debió parecerles perfecto para tenerlos a todos controlados... yo intenté escapar y me vieron. No, no me han pegado... a los demás tampoco. Después nos han ido llevando de uno en uno y con los ojos tapados. Cuando llegó mi turno, sentí cómo me metían en un coche y recorríamos una distancia relativamente corta. Llegamos a un recinto completamente ausente de sonidos... hasta nuestros pasos eran insonoros. Noté cómo descubrían mis ojos. Cuando se acostumbraron a la luz, descubrí un recinto completamente blanco y aséptico y ante mí a un hombre vestido de blanco, con el pelo largo y blanco y unas barbas igualmente blancas y largas. Apenas sin darme cuenta, estaba respondiendo -sin palabras- a todas sus preguntas:
- no, no me gusta la Navidad
- me parece una hipocresía, utilizan la ingenuidad de los niños para tapar las verdaderas intenciones de esas fiestas
- no, además no tengo familia ni donde celebrarla
- si, totalmente de acuerdo con que sólo la celebrasen, a nivel familiar, los creyentes cristianos
El hombre monocromático sonreía, puso sus manos ante mi torso -sin rozarme- y sentí un leve sopor, pero sin perder del todo la consciencia. Sólo al abrir de nuevo los ojos percibí un árbol gigantesco. Era un abeto blanco, del que colgaban hermosas cajas de cristal en cuyo interior flotaban corazones... volví a sentir mareo cuando en mi cerebro sonó la voz -sin palabras- del hombre de blanco:
- no tengas miedo, tomo prestado tu corazón por estas fechas. No podemos permitir que vayas difundiendo por ahí tu negatividad... Nosotros te encontraremos para devolvértelo en el mismo estado.
Y sin saber cómo aparecí durmiendo, entre el primer escalón y la puerta... como la primera vez que nos vimos tu y yo.
¿Habrán hecho la misma redada en todas las ciudades del mundo?...
¿Crees que habrá quedado gente que realmente vivan la Navidad y no sea para ellos comercio y abusos y fiestas y despilfarro y vacaciones? Yo creo que no. Más bien creo que el mundo está poblado por gente, que va deambulando por ahí sin corazón.
Como yo, que desde el 195.6 de la MHLGH hablo para ti "Cuando nadie escucha".