Hola, buenas noches. Habíamos dejado a Hartmann recorriendo las Catacumbas romanas en París. Al ser éste uno de sus cuadros que sí se han conservado, Modest Mussorgsky observó a los tres visitantes paseando por los pasadizos con un candil en la mano iluminándose el camino y observó el brillo de las calaveras y le inspiró un movimiento intimista y recogido que tituló: "Cum mortuis in lingua mortua" o lo que es lo mismo: Con los muertos en lengua muerta.
Hoy caminaré delante de Ti, con los pasos medidos para no romper la uniformidad de la fila. Con el rostro cubierto para pasar desapercibida, sin llamar la atención, sin buscar compasiones ni críticas insolidarias. Hoy me ataré a tu columna contigo, recibiré los golpes y sangrará mi cuerpo con los latigazos de los mandados, esclavos ellos mismos de los que se creen poderosos sólo porque ostentan un símil de poder. Una burda imitación porque el poder, el auténtico poder solo viene de las manos del Padre: poder salvar, poder servir, poder perdonar, poder amar. El único poder que redime al hombre es el Amor.
Hoy me sumergiré en las entrañas de mi alma; sondearé mi vida para hallar el consuelo y la redención. Caminaré a oscuras, sabiendo que la luz que portará mi mano iluminará los pasos de los otros, el camino de los otros; los míos los guías Tú. Y no tengo miedo a la oscuridad, a esa tiniebla que la bruma nocturna y el vapor de mis lentes hace ver fantasmas donde no los hay. Hoy me dejaré guiar por Ti, porque solo de tus pasos me fío. Aunque te lleven por el pueblo preso, rendido y lacerado para servir de burla a los que tienen miedo a la verdad. Hoy me fío de Ti, aunque parezcas humillado pero yo sé que no estás vencido. Aún en la denigrante situación de hombre preso, herido y reo de muerte, sobresale la grandeza de tu divinidad.
Hoy seré penitente. Y penaré mis culpas y las de la humanidad ante Ti, Salvador y Redentor del mundo. Hoy mi oración silenciosa será para redimir los pecados de tus más altos representantes y las de tus más fervientes perseguidores. Hoy rezaré por ti que -cada lunes de pasión- recorres las calles de mi ciudad y te sientes más solo y abandonado que nunca, rodeado de ruido y bullicio.
Hoy rezaré por ti, loco, que estás oyendo esta confesión: Cuando nadie escucha.