jueves, 19 de agosto de 2010

Los agujeros negros del planeta III

 Haití: El rito de "el compromiso"

Ajenos a todo y a todos, miles de haitianos celebran en Saut D’Eau, a unos 60 kilómetros al norte de Puerto Príncipe, "el compromiso". Un ritual medio católico, medio vudú que les hace entrar en trance y olvidar su miseria por unos días. Y es que, aunque esté en América, Haití es África. Comparte con ese continente las raíces, el color, las costumbres y, sobre todo, la pobreza. Siete meses después del terremoto, el país sigue hecho añicos. No solo los edificios y las carreteras, también las personas están hechas añicos. En medio de los escombros sin recoger, 1.300.000 haitianos viven bajo los plásticos de 1.384 campos de desplazados (900 de ellos en la capital), esperando el momento de volver a sus casas. Un momento que se retrasa mes a mes, mientras 5.300 millones de dólares de los principales donantes internacionales esperan a que haya un Gobierno decidido a actuar con un proyecto y sin corrupción.

Haití ya era un agujero negro antes del terremoto que mató a más de 200.000 personas y si no fuera por las cientos de ONG que trabajan allí desde el 12 de enero, la vida se hubiera acabado para los nueve millones y medio de habitantes del país caribeño. Los haitianos llevan siglos acostumbrados a caer y a levantarse, pero la tarde en que tembló la tierra de la isla marca un antes y un después para el Estado más pobre de América. Los más optimistas piensan que las ayudas internacionales pueden servir para despertar de cientos de años de miseria y reinventarse a sí mismos. Pero la realidad es que los haitianos no creen en milagros, aunque recen a Dios y a los loas (santos del vudú).

Pier Janis tiene 37 años, seis dedos en cada mano y una mirada perdida, como de bruja. Es santera y dice que habla con Dios, mientras fuma sin parar. Lleva cuatro días en Saut D’Eau atendiendo a los cientos de fieles que se le acercan para que les ponga en contacto con Dios y con los loas. Por una pequeña cantidad de dinero les ayuda a comunicarse con el más allá en una pequeña cueva llena de velas encendidas, junto a las dos cataratas de 30 metros de altura.

"Aquí encontré hace muchos años el poder de los loas", explica en una mezcla de francés y creole. "Mis padres tenían los mismos poderes y me los traspasaron. Los fieles vienen a que les ayudemos a encontrar el camino. El bien y el mal conviven juntos y hay que apartar a los espíritus del mal, para encontrar el buen camino. Yo les ayudo".

"¿Por qué sucedió el terremoto en Haití?".

La respuesta tarda unos segundos, un par de caladas del cigarrillo, en salir de su boca. "Había mucha gente haciendo el mal y no se rezaba lo suficiente". Tras la sentencia, extiende la mano en busca de unas monedas.

La fiesta continúa junto a las dos enormes cascadas y otras tres o cuatro más pequeñas. Cientos de personas se apelotonan medio desnudas en busca de su purificación. Se lavan con hojas de basilisco y unos jabones que venden a la entrada y cantan. Hay muchas más mujeres que hombres. Al ruido del agua se une un estruendo de cigarras que también quieren participar de la fiesta.

El día transcurre entre rezos, lloros y velas encendidas. En una esquina, otra santera de más edad que Pier Janis llora frente a una fiel que ha ido a consultarla. "Aleluya. Te quiero mucho, Dios", grita con estrépito, mientras pone sus manos sobre los hombros de la mujer, que mira al cielo entre enormes lagrimones. Nadie se inmuta cuando empieza a llover torrencialmente. Parece que forma parte del ritual.

Poco a poco, los fieles van abandonando las cataratas y bajan hacia el pueblo, en donde un tumulto de miles de personas continúa la fiesta. Los creyentes se mezclan con grupos de jóvenes que vienen como al carnaval. La calle principal está llena de pequeños puestos de comida en donde las mujeres cocinan arroz, frijoles, manos de cerdo, carne guisada y patacones de plátano frito. Las botellas de ron corren de boca en boca.

Un grupo de mujeres vestidas con trajes azul claro y blanco avanzan, cantando en creole. Todas llevan el mismo escapulario de la Virgen de los Milagros. Una de ellas explica que han venido del norte de la isla para rezar. Se reconoce católica, pero no hace ningún feo al vudú. "Las dos cosas son parecidas", dice mientras avanza hacia una gran ceiba en donde se arremolina un enorme gentío. Allí, en medio, Pier Janis baila vestida de amarillo el ritmo africano de los bongos y las maracas. A su alrededor, hombres y mujeres, jóvenes y viejos, se mueven al mismo ritmo.

Es el momento del sacrificio. Varios hombres traen dos vacas y dos cabras para que la santera elija el animal que debe ser sacrificado al dios Erzuli. La cadencia se va acelerando y Pier Janis da vueltas cada vez más rápidas, con los ojos cerrados. Está como en trance cuando se acerca a los cuatro animales; los toca, los rodea y, finalmente, se apoya, medio desmayada, sobre la cabeza y el cuello de una de las vacas. Es la elegida.

Mientras Pier Janis sigue con sus bailes rituales junto a un corro de fieles, el matarife degüella a la vaca y un chorro de sangre salpica al grupo, provocando el éxtasis general. Los cantos y los bailes africanos se hacen entonces más frenéticos todavía y hombres y mujeres entran en trance, mientras corre el ron haitiano. La fiesta continuará hasta entrada la madrugada en esta pequeña población en donde ni se sintió el terremoto del 12 de enero, ni quieren acordarse de él.

De vuelta a Puerto Príncipe, el visitante se encuentra con un panorama desolador. De los 9,5 millones de habitantes de Haití, más de 4,5 viven en la capital. Y de estos, cerca de un millón han perdido sus hogares y se refugian en los 900 campos que se extienden por toda la ciudad. En solares, plazas, jardines, campos de golf y hasta en la mediana de una carretera de la entrada en la ciudad se encuentra uno con decenas de miles de chamizos cubiertos de plásticos azules, negros o grises donados por las organizaciones internacionales.

La celebración de “el compromiso”
Una de las cientos de personas que se apelotonan medio desnudas en busca de su purificación bajo el agua de unas cascadas. En el rito se lavan y cantan.

La celebración de “el compromiso”
Pier Janis tiene 37 años, seis dedos en cada mano y una mirada perdida, como de bruja. Por una limosna, ayuda a comunicarse con el más allá.

La celebración de “el compromiso”
Ceremonia de vudú en la que se sacrifica un toro.

La celebración de “el compromiso”
El matarife degüella al toro y un chorro de sangre salpica al grupo. La mambó, agotada, se abraza a la nueva mambó, que oficiará el próximo rito.

La noticia en su origen:
Los agujeros negros del planeta en ELPAÍS.com

6 comentarios:

  1. No queda nada más que decir. El terremoto no pudo ocultar bajo los escombros la miseria, la mediocridad, la barbaridad humana, encarnada, en carne viva, en el pueblo de Haití al que tanto mal la humanidad le ha hecho.

    Cuando todo está perdido necesitamos aferrarnos a algo, a un Dios, una Idea, una Persona, un Icono, así es que este tipo de fiestas y personajes cobran fuerza, mucha fuerza, necesitamos creer que existe una fuerza superior que puede salvarnos, que pueden darnos una redención, que jamás llega.

    A nadie le importa el Pueblo de Haití, a nadie. La limosna que juntaron en su momento sirvió para calmar un poco la culpa que nos da el “necesitado”, como el mendigo en la puerta de la Iglesia, como la plata que mandamos a una ONG en África si nos muestran algunas fotos de niños muertos de hambre. Nada hacemos realmente.

    ¿Dónde están los medios que tantas paginas llenaron y tantos especiales en la televisión hicieron sobre Haití? ¿Tan rápido se olvidan de la desgracia? ¿Dónde está todo el mundo ayudando a Haití? Tenemos la maldita costumbre de creer que donando unos pesos con eso alcanza para hacer algo… ¿Cuándo vamos a aprender que eso no es así?

    Triste pero necesaria nota. Triste pero importe recordar y no olvidar.

    La tragedia de Haití no terminó ni va a terminar ni con una nueva ciudad, ni con cien mil millones de dólares.

    Un abrazo fuerte amiga.

    HologramaBlanco

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  2. Veremos resurgir al pueblo de Haití de nuevo ¡estoy convencido! Porque hay pueblos que por su misma historia se han fortalecido para sacar fuerzas de donde no quedan, y renacer con nuevas energías. Sólo espero que desde el "exterior" no se quiera "intervenir demasiado" en este proceso.

    Un fuerte abrazo, Mariluz, desde este rinconcito de Alemania y gracias por recordarnos que Haití sigue existiendo.

    Hasta pronto... tenemos un café o lo que sea pendiente

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  3. Yo suelo borronear lo que ven mis ojos a base de picadura de tabaco y de DYC del bueno, a veces, directamente de la botella. No hay otra.

    No soy amigo de María. Sé que algún día caeré, de nuevo, en la tentación. Apago todo indicio de angustia vital, mascando chicle.

    ¡Ea!

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  4. Queridos amigos, dice una canción de 'Brotes de olivo': unos tienen la mirada, otros hacen de motor y a nosotros se nos pide que seamos corazón... y mi corazón no late tranquilo ante las injusticias y barbaries que el hombre comete contra el hombre, por eso desde mi diario loco veo la necesidad de reproducir estas noticias... difundir no soluciona el problema pero sí abre caminos a quienes no saben cómo y dónde ofrecer su ayuda.

    abrazos a todos

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  5. Anónimo8/4/12 0:06

    PROGRESISTAS CON LA CONCIENCIA SUCIA...

    Es interesante como los progresistas que generan este mundo decadente y corrupto, viven comodamente, manejan sus autos caros, administran empresas y ademas hacen blogs haciendose los bondadosos y sencibles... ¿acaso estan tan alienados que no conectan sus actividades con la desigualdad social que producen?
    ¿acaso son unos cinicos en el peor de los sentidos? tan comodamente viven y encima necesitan darle "sentido" a sus vidas "luchando" contra los flagelos del capitalismo voraz al que ellos alimentan? ¿acaso este opio progresista no se parece demasiado a las indulgencias? ¿tan sucios de conciencia están que cumplen su cuota de bondad escribiendo boludeses por internet? lo mas interesante es que luego la mala persona es uno que denuncia la decadencia y a los decadentes...

    La proporcion de niños con hambre en bangladesh es directamente proporcional a las utilidades que ganan las empresas para las cuales trabajan los progres que escriben en estos blogs sucios de conciencia.

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