jueves, 28 de mayo de 2009

La mala educación

Irlanda  - La mala educación
Publicado el Mayo 27 2009  |   The Irish Times

Detalle del retrato del Padre Michael J. McGivney, Richard W. Whitney. GFDL license.

Detalle del retrato del Padre Michael J. McGivney, Richard W. Whitney. GFDL license.

Durante varios decenios, miles de niños criados en instituciones católicas fueron víctimas de violencia física y sexual. Prácticas pseudo-totalitarias, afirma Fintan O'Toole, después de la publicación de un informe que desvela la amplitud del fenómeno.

El nivel de sadismo sistemático infligido a niños por la Iglesia Católica y el Estado, tal y como revela el informe realizado por la comisión investigadora sobre abuso infantil de Irlanda ( Commission on Child Abuse), es de tal calibre que es difícil de asimilar. Entre 1936 y 1970, 170.000 niños fueron enviados a unas 50 escuelas industriales irlandesas: una proporción de más de uno de cada 100 en cada grupo de edad.

Las cifras totales pueden llegar a dejarte helado, así que uno intenta centrarse en pequeños retazos.Un Hermano se puso furioso porque un alumno que iba un poco más retrasado no estaba respondiendo correctamente: “le dio un golpe al chaval, le cogió la cabeza y la golpeó… contra el pupitre, los tinteros salieron volando, el niño estaba cubierto de tinta, mocos, sangre, de todo.”Ésta es la imagen que un niño tiene del hombre que le golpeaba: "Parecía un lobo, con la mandíbula tan tensa que parecían fauces, enseñando los dientes…

El Hermano que sube la radio a todo volumen cuando un niño entra en su habitación y le dice: “Quítate el pijama, ahora puedes gritar todo lo que te dé la gana, pequeño bastardo.”   ¿Qué le pasaba a nuestra sociedad para permitir que los niños fuesen enviados a un sistema basado en el terror? Básicamente, la recién independizada Irlanda mantenía una red de campos de prisioneros para niños que estaba gestionada a base de violencia arbitraria, depravación absoluta y un sentimiento de impunidad total.

Ese tipo de instituciones se relaciona generalmente con el totalitarismo. Irlanda no era un régimen totalitario pero, sobre todo para los niños pobres, parecía serlo. Los métodos utilizados en las escuelas industriales recuerdan a los de los campos de concentración: rapar la cabeza, humillar y desorientar hasta destruir la identidad propia de los internos, echarles a los perros, golpearles mientras están colgados de ganchos en la pared.

¿Cómo surgió este sistema totalitario? Hablar de monstruos sería dar la respuesta más fácil. Pero las monjas y los hermanos que dirigían estos campos de prisioneros se habían criado en granjas, tiendas y calles normales. Eran niñas y niños buenos de buenas familias que dieron una alegría a sus padres cuando les dijeron que querían recibir el orden sacerdotal.  La mayor parte de ellos no nacieron siendo unos sádicos. Aprendieron, como han aprendido siempre los torturadores, a deshumanizar a sus víctimas y a considerar lo horrible como algo normal. Esta sensación de normalidad se veía reforzada por una dinámica de grupo en la que los que ya habían recibido su bautismo de sangre presionaban a los que no lo habían hecho. Un hermano contó a la Comisión que en una ocasión “los hermanos empezaron a aplaudir al enterarse de que había castigado a uno de los alumnos con un puñetazo en la cara, ya que nunca había empleado un castigo tan severo con anterioridad”.

Y siempre se supo lo que estaba sucediendo. No sólo estaba al corriente de los hechos el Departamento de Educación, también eran conscientes de todo aquello la Iglesia y el Estado. En los años 1960 se había informado personalmente del asunto al primer ministro de Irlanda, Eamon De Valera y al arzobispo de Dublín, McQuaid.

¿Si tanto se sabía en el exterior, cómo sobrevivió esta cultura interna de brutalidad? Fue gracias a tres factores: el poder, el sexo y la clase social. Los que abusaban se atribuían poder debido a la importancia de la Iglesia, que se convirtió en un escudo bajo el que actuar impunemente. La violencia en estos centros era la expresión del poder total. Un hermano dijo a la Comisión que “pegar a los niños le daba sensación de poder".

Sin embargo, el grado de perversión con el que se expresaba este poder nos hace pensar en un grupo de gente que no estaba acostumbrada a tenerlo. Productos de una sociedad con un gran sentimiento de inferioridad que hasta hacía poco estaba colonizada y que además vivían en una estructura religiosa autoritaria. Algunos de ellos se tomaron este poder como la libertad para hacer cualquier cosa. En una ocasión uno de los hermanos obligó a un niño de 12 años a lamer excrementos de sus zapatos. En una cultura en la se puede hacer lo que se quiera inevitablemente se empieza a pensar que no hay nada que no se pueda hacer.

El segundo factor era el sexo, un odio al cuerpo basado en la religión y expresado en la forma en la que los hermanos hacían daño a los niños a su cargo. También existía una sexualidad pervertida que pasaba de la obsesión con la pureza a la obsesión por la depredación sexual. Uno de los testigos contaba lo siguiente a la Comisión: "¿Sexo? Mi primer contacto con el sexo fue en una cocina, encajado contra una caldera, quemándome la pierna mientras me violaba el Hermano Dax.”

El tercer factor era la clase social. Se trataba de una sociedad en la que la inseguridad de la clase media se expresaba desdeñando obsesivamente a los pobres. El odio enfermizo por cualquier cosa que no coincidiese con el modelo de una respetable familia cristiana avivó la violencia. En Goldenbridge se les decía a las chicas que eran “sucias” y “peores que los soldados que habían crucificado a Cristo". A los hijos de madres solteras se les decía que sus madres eran “putas viejas”.

Esta perturbada relación con el poder, el sexo y la clase social se realizaba con una transparencia espeluznante en los centros, pero estos no dejaban de pertenecer a una sociedad más amplia. Eran las sombras más oscuras de una República Irlandesa que nunca había llegado a existir en realidad.

Fintan O'Toole

La mala educación | Presseurop
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Y la Biblia dice en Mateo, capítulo 18 versículo 6:

  • Y cualquiera que escandalizare á alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le anegase en el profundo de la mar.

Y la Biblia dice en Marcos, capítulo 9 versículo 42:

  • Y cualquiera que escandalizare á uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y fuera echado en la mar.

Y la Biblia dice en Lucas, capítulo 17 versículo 2:

  • Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.

Hasta tres veces, como las negaciones de Pedro…

Soy contraria a la pena de muerte, pero estos “tipos” no pagan ni muertos el daño irreparable e irreversible que han hecho.
Soy católica pero jamás he comulgado con piedras de molino… que vayan a la cárcel ¡todos! que no se les “confine en retiro espiritual perenne” en cualquier monasterio. A la cárcel sí y que den gracias que no les aten la piedra al cuello como dice el mismo Jesucristo.

3 comentarios:

  1. Hola Mariluz, soy una despistada... he tardado en venir a darte un abrazo, pero aquí estoy :)
    Gracias por hacerte con el premio a Anónimos con el Autismo y enlazarlo, cualquier ayuda para difundir una visión positiva es bienvenida :)
    Un beso enorme

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  2. Hola Maite nunca es tarde para recibir un abrazo, bienvenida :-)
    Gracias a ti (y demás mamis) que nos mostráis un mundo tan real y desconocido al mismo tiempo. Es un honor difundir desde este pequeño rincón loco la "vida y su entorno" del autismo.
    Un beso enorme también para Julen

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  3. Anónimo1/6/09 13:20

    Adjunto post de Cornelivs:
    http://cornelivs.blogspot.com/2009/06/ay-de-vosotros.html

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