viernes, 8 de abril de 2005

Nunc dimittis

Parece mentira. Propios y extraños están haciendo cábalas con esas palabras de Juan Pablo II, cuando él mismo hace alusión a quien las pronunció en un principio: Simeón ante la presentación de Jesús en el Templo. Me explico: Simeón era un judío piadoso que, como todo su pueblo, esperaba al Mesías; por mediación del Espíritu Santo, Simeón reconoció en Ese Niño al Salvador esperado y ante la alegría que le produjo y sintiéndose anciano y con toda su misión cumplida, oró a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz, porque han visto mis ojos tu salvación... »
Juan Pablo II vió cumplido su deseo, siempre con la voluntad del Padre, de clausurar el Año Santo, el Jubileo del 2000, habida cuenta que había cunmplido ya los 80 años. Es pues, en ese momento de reflexión personal que entona el cántico de Simeón. Es su puesta a disposición del Padre, una vez más, y de forma definitiva a la vida terrenal.
En absoluto esas palabras hacen mención a su "deseo" de dimitir. Los periodistas "ligeros en cultura", han preferido hacer una publicación meteórica (a ser posible primero que ningún otro) antes de hacer una simple comprobación...

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